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jueves, 31 de diciembre de 2009

Poemas de Conchi Conejo


Las llamas de tus ojos
quemaron mis pupilas.
El bosque de mi pecho
del mismo fuego ardió.
Ahora en el invierno
de mis cansados días,
remuevo las cenizas
para encontrar calor.

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A mi madre

Vienen a mi pensamiento
unos recuerdos antiguos,
cuando dormía en el patio
con aquel sueño tranquilo.
Recuerdos de aquellas sienes
tan blancas como el armiño,
tan blancas como sus manos
que dieron tanto cobijo;
blanco el cristal de sus ojos
que miraron siempre limpio
y blancos fueron los pechos
que dieron vida a sus hijos.
Blanco fue su corazón
como rosa inmaculada,
que se convirtió en morada
y al final se deshojó
de tanta espina clavada.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Coplillas de Conchi Conejo (3)

En la puerta de mi casa
tengo un farol encendío,
para cuando venga a verme
no tropiece el dueño mío.

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Por la calle abajo viene
el que a mí me está queriendo
y mi madre me regaña
porque le estoy sonriendo.

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El amor que me diste
lo tengo guardao
con quince cadenas
y veinte candaos.

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Cuando te dije: te quiero,
tú me dijiste que no;
un puñal de doble filo
se clavó en mi corazón.

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A buscar fortuna
marché al extranjero;
encontré fatigas
y poco dinero.

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Los surcos de tu cara
no son del tiempo,
que son de lagrimitas
de sentimiento.

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El cariño que me diste
fue frágil como un vilano;
salí con él a la calle
y se lo llevó el solano.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Mensajera

Quisiste ser mensajera
paloma, y poder volar,
mas te cortaron las alas
antes de saber andar.
Tuviste que conformarte
con ser ave de corral,
donde cada día soñabas
sueños de plata y coral.
Soñabas con ver el mundo,
soñabas con navegar;
cuando dormías soñabas,
soñabas al despertar,
y así se pasó tu vida,
siempre soñar y soñar.


Conchi Conejo

Con este poema colaboramos en la propuesta que hizo el blog Literatura en Priego de mandar textos sobre la discriminación de la mujer y la violencia de género, con motivo del día internacional contra la violencia de género.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Sobre suegras y suegros

El tema de los suegros y suegras es recurrente en el folclore popular. Y es que hasta los nombres son feos, como dicen Consuelo Padilla y Conchi Conejo (ambas ya suegras). Pero las dos reconocen que hay muchas suegras buenas, que quieren a las nueras, a veces, más que sus propias madres.

Al pasar por un verde
vide dos cañas tumbás
y eran mi suegro y mi suegra
careando en la cebá.

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A mi suegra la llevé
a la feria de Arminilla,
y no la pude vender
porque era mu chiquitilla.

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A mi suegra la llevé
a la feria de Alcaudete
y no la pude vender
porque le faltaba un diente.

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Más allá de Linares
doscientas leguas,
tengo un cuarto alquilado
para mi suegra.

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Mi suegra es una fiera,
mi suegra es un demonio,
con cuatro pelos que tiene
quiere que le haga un moño.

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Mi suegra a mí no me quiere
porque su hijo es más guapo;
que lo meta en una orza
y lo tape con un trapo.



Ésta es la versión de esta coplilla de Eusebia Fuentes Pérez, de Santa Ana, una aldea cercana a Alcalá la Real, Jaén.
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A mi suegra de coraje
se le ha caído el pescueso;
que vengan los albañiles
y se lo peguen con yeso.
Que le den
con el cascabelito,
que le den
con el rabo de la sartén.



(Poemas tradicionales recordados por ellas).

Consuelo me cuenta un dicho que decía su hermano:

Hicieron una suegra de retama y amargaba; probaron a hacerla toda de azúcar y seguía amargando.

Conchi aporta tres poemas que ha sacado de su cabeza:

Si va la suegra a mi casa,
me recuerda a la tormenta:
arco iris si se marcha
y los truenos cuando entra.

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La suegra y la nuera son
mujeres en todo iguales
y nada más conocerse
al momento son rivales.

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Uno se encontró a su suegra
por los Adarves de Priego;
por no cruzarse con ella
se echó por un sernaero.

("sernaero" es un balcón del Adarve)

Nota: hay más coplillas sobre suegras en esta página de Enrique Alcalá Ortiz.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Dos poemas más de Conchi Conejo

Hace tantos años
y parece ayer,
los días benditos
que os vi nacer.
Esos días brotaron
mil rosas a la vez,
fragantes y bellas
dentro de mi ser.
Fuisteis mi alegría
al veros crecer
hermosos y alegres
como el cascabel.
Fuisteis la alborada
en mi atardecer,
sois el claro día
en mi anochecer.

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Oigo tu voz en el viento,
veo tu figura en el mar,
tu piel suave en las flores,
en el cielo tu mirar,
tu alegría en los pajarillos
que no cesan de cantar
y tu corazón lo veo
al mirar la inmensidad.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Coplillas de Conchi Conejo (2)

Saliste sol sin aurora,
abriste sin primavera,
me inundaste sin ser río
de amores mi vida entera.

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En el cielo sale el sol
y en tus ojos resplandece,
por eso cuando me miras
mi corazón se estremece.

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Los claveles de tu cara
no florecen en abril,
que están floreciendo, niña,
desde que te conocí.

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Al lado de la bahía
tengo yo un barco velero
y una casita pequeña
donde vive quien yo quiero.

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De noche me salgo al campo
para ver la luna clara,
sin darme cuenta que tengo
su resplandor en tu cara.

Coplillas de Conchi Conejo

Eres brisa, eres escarcha,
eres aroma y rocío,
para el corazón cansado
que late en el pecho mío.

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De moza fuiste una perla
de una concha de la mar;
de vieja fuiste una estera
de la puerta de un corral.

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Me asomé por la vidriera
de tu pecho transparente
y me encontré más virtudes
que agua lleva un torrente.

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Eres moreno, alto,
de ojos profundos;
al mirarte se me hace
más bello el mundo.

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Cuando hagas obras buenas
no lo vayas pregonando;
haz como la lluvia mansa
que moja el campo callando.

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Fuiste faro encendido
con luz ardiente,
hoy candil sin torcía
y sin aceite.

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Es hermosa la risa
de mi chiquilla
por el hoyo gracioso
de su mejilla.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Trabajos de forja de Francisco y Antonio Conejo Castañeda (y de los hijos de Antonio, Paco y Antonio)


Todo el herraje de Priego
de más belleza y valor,
lo hizo un gran artesano
a yunque, fragua y sudor.


De su taller salió un día
la baranda del Adarve,
las farolas de la Villa
que tanto adornan sus calles.

Salió en la cruz del Paseo
su reja de filigrana,
aquella que hoy no está
y era tan admirada.
Cuando ibas a rezar
te causaba devoción,
porque veías dibujados
los pasos de la Pasión.

Esos balcones y rejas
de barrotes retorcidos,
que tantos amores llevan
en sus adornos prendidos
y fueron la inspiración
de escritores, de poetas,
con su belleza estampada
por calles y por plazuelas.

Hizo la bella fachada
del ilustre ayuntamiento
con sus manos doloridas
de arrimarlas tanto al fuego,

Antonio Conejo Castañeda

carcomidas por el tiempo,
igual que aquellos barrotes
que embellecen nuestro pueblo.
Pero un día de primavera
con él sus manos se fueron,
mas yo creo que estarán
trabajando sin cesar
en las barandas del cielo.


(Dibujo de su nieta Flory Conejo Sánchez)

(Poema de su hija Conchi Conejo Jiménez)

Poemas de Concepción Conejo Jiménez (2)

Alégrame esa carita
que te voy a regalar
una blusa de lunares
y una falda almidoná
para llevarte esta noche
a la feria de Graná;
que vas a ser en el baile
la mujer mejor plantá,
la más fina y elegante,
la más guapa y más juncal.
Qué bien me voy a sentir
cuando te vean pasar
cogidita de mi brazo
con tu falda almidoná
y tu blusa de lunares
meciéndote al caminar,
que te meces mejor, niña,
que las olitas del mar.
Yo con mi pañuelo blanco
y mi faja colorá,
mis botas finas camperas
y un clavel en el ojal.
Entre luces, algarabía,
luciéndote en el real,
se oye un suspiro en el viento,
en una boca un cantar,
y un sombrero de ala ancha
que se descubre al pasar
la serrana más garbosa,
más bonita y más juncal.

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Recuerdo cuando era niña
de un viaje a Sevilla,
mi ilusión fue ver el tren
y el paisaje, maravilla.
Viajaba por vez primera
aunque en vagón de tercera,
con asientos de madera
y llenos de carbonilla
antes del fin del trayecto.
Íbamos en los asientos
despeinados por el viento,
más negros que la morcilla,
más achuchaos que alpargatas
en sus cajas en la tienda;
unos comiendo tortilla,
otros bebiendo casera,
con un sinfín de paquetes,
de encargos y de regalos.
En medio de los paquetes,
un canasto con dos pavos.
Mediaba el mes de agosto
cuando el sol más fuerte brilla,
los pavos que se asfixiaban,
dijo mi padre: ¡chiquilla!,
agarra bien el canasto
y ponlo en la ventanilla.
Todo no acabó en el tren,
lo más grande fue en Sevilla,
en medio de aquel bullicio,
sudorosos, despeinados,
y llenos de carbonilla,
de paquetes y el canasto,
que parecía que venías
de la guerra de Lepanto,
madre mía, qué pesadilla,
cuando se escapó el canasto
con dos pavos asustaos
corriendo por el asfalto,
no lo quiero ni pensar,
el guirigay que se armó,
la gente muerta de risa
paró la circulación
y tuvo que intervenir
hasta un guardia en la cuestión.
Eso nos pasa a la gente
de los pueblos por sencilla,
a quién se le cuenta ir
con dos pavos a Sevilla.

Poemas de Concepción Conejo Jiménez

Mi luz, mi faro y guía
eres en mi mar revuelto,
eres la brisa que envuelve
y el viento que lleva al puerto.

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Sólo el sol,
mi perro y yo
y esta brisa
que me envuelve
con aroma de rosal,
del árbol
y de la parra verde.
Así un día y otro día
llenos de monotonía,
crece la melancolía,
sólo me queda esperar
que cese la enfermedad
y vuelva a mí la alegría.

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Cuando la noche se duerme
todo es bonanza y quietud,
se duermen los pajarillos,
las flores y el cielo azul,
se duermen nuestros amores,
la verdad, las ilusiones,
los rencores, sinsabores,
los odios, la ingratitud,
el manto del campo verde...
Todo lo que vive duerme;
sólo nuestros sueños velan
en un camino sin luz.

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