- Buenas tardes, amiguitas,
me voy a retirar.
- Espérate un poquito
que vamos a jugar.
- Por hoy es imposible.
- ¿Pues qué tienes que hacer?
- Lo que mi buena madre
me sirva disponer.
- Razón llevas de sobra,
niña, sin vacilar.
- Y un beso quiero daros.
- Nosotras a ti dos.
- Adiós, amigas mías.
- Adiós, adiós, adiós.
¡Adiós!
Cuando una niña se despedía de sus compañeras de juegos, se montaba todo este tinglado. Las niñas de antes eran muy educadas y protocolarias. Aunque dice mi madre que no lo cantaban cada vez que una se despedía, sino sólo de vez en cuando, cuando les apetecía.
Los niños se quedaban jugando en las calles en el verano hasta que se apagaban los faroles. Entonces, para despedirse, las niñas decían:
-¿Qué hay en el cielo?
- Un caramelo.
-¿Y en la plasa?
- Una calabasa.
Cada una pa su casa.
La canción debía ser de toda España. En Burgos, la cantábamos a las niñas jugando al corro y la del centro era la que se marchaba.
ResponderEliminarPero añadíamos otra frase, y era después de lo que mi buena madre me sirva Disponer seguía: y yo como buena hija al punto he de obedecer