jueves, 10 de diciembre de 2009

Piso oro, piso plata

- Piso oro, piso plata,

piso plata, la del rey,

que me han dicho en el camino

las hijas que tiene usté.

- Tenga, tenga las que tenga

y eso no le importa a usté,

que del pan que yo comiera,

ellas comieran también.

- Tan contento que he venido,

tan afligido me voy,

y a contárselo a mi madre

y a mi padre que es el rey.

- Vuelva, vuelva, caballero,

el de la espada dorada,

que de tres hijas que tengo

coja usted la más salada.

- Cojo a ésta por hermosa,

cojo a ésta por clavel,

que más parece una rosa

y acabada de coger.


Canta Conchi Conejo. Se ve que esta canción es rara y muy antigua, al parecer de la época medieval. En el Google, lo único que he encontrado es un vídeo del Trío Sefarad interpretándola. Este vídeo también aparece en Youtube. Es una canción de la tradición sefardita (los sefardíes o sefarditas son los judíos de origen español, expulsados de nuestro territorio por los reyes católicos en el siglo XVI). Podéis aprender más sobre la música sefardí visitando la página del Trío Sefarad.

Enrique Alcalá Ortiz recoge en el tomo IV de su "Cancionero Popular de Priego" una letra muy diferente (un romance con el mismo título aparece también en una recopilación del folclore canario):

A la cinta, cinta de oro,

a la cinta de laurel,

que me ha dicho doña Juana:

- ¿Cuántas hijas tiene usted?

- Tenga, tenga las que tenga,

yo sola me las mantengo,

con un pedazo de pan

y otro y otro que me dan.

- Ésta no la quiero

por fea y pelona,

ésta sí la quiero

por blanca y hermosa.

Parece una rosa,

parece un clavel

acabado de coger.

Esta canción también aparece en el libro "Lolita: Cantares y Juegos de las Niñas", recopilación de 1.910 de Augusto C. de Santiago y Gadea:

A la cinta, cinta, de oro,
a la cinta, de mi Rey,
que me ha dicho, un señorón,
¿cuántas hijas tiene usted?
-Que las tenga o no las tenga,
qué le importa a su merced,
si del pan que yo comiere,
la mitad les dejaré,
y del agua que bebiere,
ellas beberán también.
-Ésta escojo por bonita,
ésta elijo por clavel,
que me parece una rosa,
acabada de nacer,
y ésta por puerca y fregona,
mándela usted a barrer.

La antigüedad de esta canción explicaría esta gran diversidad en las letras.

Para este juego, las niñas se ponían, sentadas en el suelo, en dos filas. Otras dos niñas se situaban en los lados externos de las filas y se ponían a recorrerlas, andando con las manos enlazadas por encima de las niñas sentadas. Una niña hacía de madre de las sentadas y otra del caballero que llegaba, aunque según recuerda mi madre, la canción la cantaban todas.

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